No es la típica película de terror convencional. Si buscas una posesión demoníaca, esta no es tu película.
Aquí, el verdadero demonio es la herida que no cierra y el dolor que te consume por dentro.
Es una historia mucho más realista y humana con la que conectas de verdad, el duelo de una madre y la tragedia de saber que, en el fondo, nadie tuvo la culpa.