Me ha gustado bastante la película, sobre todo porque te mete de lleno en los inicios de Bob Dylan y te permite conocer mejor su figura sin caer en el típico biopic exagerado. Tiene ese aire pausado y casi íntimo que hace que te acerques al personaje desde dentro, más que desde la leyenda. Quizá no es una película que impacte a lo grande, pero sí que deja poso y te invita a seguir tirando del hilo sobre su historia.
El reparto está muy bien, pero claramente destaca Timothée Chalamet, que hace un trabajo enorme. No es solo imitación, es que consigue transmitir esa mezcla de misterio, ego y talento que tenía Dylan en esa etapa. Sostiene la película él solo en muchos momentos.
La banda sonora funciona muy bien porque al final es Dylan, y eso ya juega con ventaja. Las canciones están muy bien integradas en la historia y ayudan a construir la evolución del personaje sin necesidad de explicarlo todo.
El personaje de Dylan es obviamente el más interesante, por todo lo que representa y cómo evoluciona. Es difícil conectar del todo con él porque es un tipo hermético, pero eso también forma parte de su encanto. No hay ninguno que me haya molestado especialmente, aunque algunos secundarios se quedan un poco planos.
Como comentario general, es un biopic bien hecho, elegante y contenido, que no busca el espectáculo sino el retrato. Quizá le falta un punto más de intensidad o riesgo para ser realmente memorable, pero se disfruta y aporta.
Nota: 7/10