Objetivo: París es un thriller sobrio y seco que apuesta más por el realismo que por el espectáculo, y eso juega a su favor… y también en su contra. La película retrata el proceso de radicalización y la gestación de una pequeña célula yihadista desde una perspectiva casi documental, sin convertir a sus personajes en villanos carismáticos ni en genios del mal.
Aquí no hay épica, solo mediocridad, fanatismo y una inquietante normalidad que resulta incómoda precisamente por lo cercana que parece. El problema es que esa contención termina enfriando la propuesta: la infiltración del protagonista resulta algo demasiado sencilla y la narración carece de verdadera tensión dramática, quedándose a medio camino entre el cine de denuncia y el thriller político.
Aun así, es una película honesta, incómoda y valiente, que se agradece por lo que muestra más que por cómo lo cuenta. Un 6 bien ganado por su intención y su contexto, aunque podría haber llegado más lejos.
Silent Night es una comedia negra que se disfraza de reunión navideña para hablar, en realidad, del fin del mundo y de cómo lo afrontamos como sociedad. La película arranca con un tono incómodo pero sugerente, construyendo poco a poco una atmósfera extraña, casi irreal, donde algo no encaja del todo. Ese primer tramo funciona bien gracias al reparto —especialmente Keira Knightley— y a un manejo eficaz del suspense cotidiano, hecho de silencios, conversaciones forzadas y sonrisas que chirrían.
Cuando la película revela sus cartas, el relato se vuelve más claramente dramático y el subtexto se hace evidente. Ahí es donde Silent Night gana fuerza conceptual, pero también donde empieza a perder equilibrio. El mensaje es potente y perturbador, aunque algo subrayado. La cinta quiere ser sátira, drama existencial y alegoría social al mismo tiempo, y no siempre consigue armonizar esos registros. Algunos personajes quedan poco desarrollados y ciertas decisiones narrativas resultan más simbólicas que creíbles.
Aun con sus irregularidades, Silent Night deja poso. No es una película cómoda ni redonda, pero sí inquietante y con ideas interesantes sobre el miedo, la obediencia y la necesidad de creer que alguien tiene el control cuando todo se derrumba. Una propuesta imperfecta, pero estimulante.
Lazarus arranca de forma brillante, con una premisa potente, gran animación y un primer episodio que engancha mucho, pero a medida que avanza se nota cierta falta de desarrollo en personajes y una trama que no termina de explotar todo su potencial. Aun así, tiene estilo, buenas escenas de acción y una identidad clara que la hacen muy disfrutable, aunque se quede un peldaño por debajo de lo que prometía.