He aceptado que la franquicia de Predator en el cine es insalvable.
Ya me pareció horrible el final de Predator de 2018 al más puro estilo Iron Man, y aunque Predator: La presa pudo traer de nuevo la fe en que tengamos un universo como se merece, Predator: Badlands ha destrozado cualquier pizca de ilusión.
Sé que a más de uno no le gustará esta opinión, pero me pareció una película mala de principio a fin, aunque la idea inicial fue relativamente buena y las acrobacias de acción son increíbles.
Pero esta historia tan simple no ha terminado de conectar conmigo.
Siento que, desde hace ya tiempo, han ido estrenando películas sin ningún rumbo en concreto. Y no, no es desde que Disney cogió los mandos, ya que lo sentía Predators de 2010.
Al menos me quedo con que me alegro de no haber ido al cine en su momento.
Un clásico del cine de terror animado que nos envolverá con su ambiente oscuro.
Wicked City nos hará viajar a un mundo donde los demonios y los humanos “conviven” en el mismo mundo. Pero, como sucede en la humanidad, en el mundo demoníaco hay criaturas que no están de acuerdo con el tratado de paz entre las dos especies.
Una premisa atronadora que busca ofrecernos algo distinto a lo que solíamos ver en aquella época en el mercado japonés.
Escenas desenfrenadas con toques eróticos que rozan una delgada línea de lo grotesco.
Probablemente, si eres conocedor de estás películas, te podría venir a la mente la de Akira, con una estética similar y una historia que también irá a volarte la mente. Pero Wicked City intenta tener una personalidad propia y lo consigue, al menos hasta llegar al final, donde el amor entre diferentes especies hace mellar una historia que venía a ser diferente.
En cualquier caso es una película corta y entretenida, que no se hará pesada en ningún momento, aunque a priori parezca bastante psicológica.
Sion Sono, uno de los directores más polémicos de la industria japonesa, se ha superado con Antiporno.
Una obra de teatro convertida en película con una historia que nos hará viajar a la locura más oscura de una artista/actriz que busca ser la más puta.
Sono nos ofreció anteriormente películas como Tag, con una historia muy psicológica que busca confundir al espectador en todo momento.
En Antiporno logra llevarlo al siguiente nivel, mezclándolo con un erotismo bastante presente en gran parte de la cinta.
Tampoco podemos olvidar de la gran actuación de Ayaka Sasaki, quién da vida a Kyoko, la chica artista que tiene una relación sádica con su asistente. Pues hace un trabajo increíblemente realista y perturbador al mismo tiempo.
Solo hay que mirar la escena final para descubrir que estamos ante una actriz que puede con todo.