a mano.
Yo he pasado este fin de semana en una perrera, en un refugio, pero allí no había perros, sino humanos. Sé que las personas, más todavía cuando padecen esa dolencia llamada 'sexo masculino', no dan pena. Pero imaginadlos envueltos en pelo. Imaginadlos rascando la reja con las patitas. Imaginad que no hablan, y seguid leyendo.
La asociación Anavid es como un refugio canino para esa clase de personas. Una cosa que sacan adelante María Legaz, Jesús Muñoz y algunos voluntarios, y que da ayuda legal y psicológica a estos perros y les hace sentir como si fueran humanos. Recogen de las puertas de los juzgados y de las comisarías y de los hospitales a las víctimas invisibles de la violencia de género: hombres denunciados en falso, separados de sus hijos con triquiñuelas malsanas, y también a niños que fueron separados de sus padres o de sus madres, y a niños maltratados que no existen para el sistema, y a mujeres que, siendo víctimas de la violencia doméstica y en teoría 'víctimas de primera', han descubierto en sus propias carnes que se habla mucho de ayudas y luego nada.
Anavid celebra una vez al año una comida donde dan unos trofeos. Se los lleva, por ejemplo, un magrebí que viene con su mujer actual y su hijito, por el mérito de haber sobrevivido a una exmujer loca que lo cubría de denuncias y de órdenes de alejamiento mientras quemaba (ella) los pies de su bebé con un cuchillo candente, sin que servicios sociales viera nada raro. O a un hombre que lleva sin ver a sus hijos siete años sin un solo juicio oral, o a una abuela que ya no sabe qué cara tienen sus nietos, o una mujer que sufrió la violencia machista y después tuvo un novio que estaba aplastado por las denuncias falsas de una maltratadora.
«Cada mañana me despierto, pienso en mis hijos, lloro, pero me sacudo y me pongo a trabajar», dijo uno de estos galardonados. Y al imaginármelo sacudiéndose tras el lloro, como hace un perro, supe cómo contártelo.
Hay realidades y situaciones diferentes a mansalva
A escasos 1.000 metros del madrileño estadio Santiago Bernabéu, en Madrid, se encuentra una realidad que Conrado Giménez, al frente de la Fundación Madrina, llama «las colas del hambre». Habitualmente compuestas por mujeres que buscan algo de alimento o ropa para sus bebés, empiezan a destacar también los padres solteros como un nuevo rostro de la vulnerabilidad. Hombres que esperan pacientemente su turno para recoger una bolsa con algo que llevarse a casa y alimentar a los suyos, además de cargar con preocupaciones que antes parecían ajenas al género masculino.
Más de 362.700 hombres encabezan hoy en España un hogar monoparental, una cifra en alza que convierte al padre soltero en el nuevo perfil vulnerable del que nadie habla. El dato, recogido por la Fundación Madrina a partir de las cifras del Instituto Nacional de Estadística, dibuja un cambio silencioso en la estructura familiar española. De los 1.944.800 hogares donde solo hay un progenitor en España, la mayor parte, el 81,4%, están encabezados por mujeres, frente a los 362.700 hombres que afrontan la crianza en solitario. Sin embargo, este 18,6 por ciento masculino registra una tendencia al alza que merece, apunta Giménez, «un análisis propio y respuesta institucional específica».
Su relato coincide con lo que describe la Fundación Madrina: una paternidad que deja de ser compartida para convertirse en una responsabilidad total. «Se trata de padres que asumen en solitario la crianza de sus hijos pequeños, enfrentándose a obstáculos que hasta ahora se asociaban principalmente a la maternidad como, por ejemplo, la conciliación», señala Conrado Giménez sin rodeos: «Tienen que rechazar trabajos que no coincidan con los horarios escolares de los niños, porque tienen que recogerlos a la salida, cuidarlos…». Y añade una frase que resume la dimensión del problema: «Cuando hablas con ellos es como si estuvieras hablando de una mujer».
Absolutamente imprescindible. Solo un par de precisiones: una que la víctima siempre tiene que pedir orden de protección si lo considera necesario, la no concesión por el Juez no constituye indicio negativo en un Juicio posterior, y la segunda: lo normal es que se detenga al denunciado por Violencia de Género y que se celebre Juicio Rápido el mismo dia; en los supuestos de agresiones sexuales y por tanto sumarios, el juicio por supuesto se celebra mucho antes de tres años, máxime como cuando la prueba se circunscribe a los testimonios de víctima, investigado y dos testigos, más reconocimiento forense.
Muy acertado que ocurra en el seno de una familia con medios económicos y clase social media alta ya que según algunos esto solo nos sucede a los de las clases sociales bajas; y digo esto porque la violencia de género no conoce de clases ni de edades.
Qué necesario es dar visibilidad a denunciar a los abusadores/violadores de mierda, da igual la edad que tengas. No tiene el mejor planteamiento del mundo pero está bien
Después de verla entera solo puedo decir decepcionante, exquisito planteamiento y respecto se la subtrama judicial un error tras otro que pue
den inducir a las víctimas a no denunciar. Lo primero es documentarse cuando de lo que se trata es de un problema grave como este.
Buena serie. Buenas interpretaciones. La serie pone de manifiesto las leyes de mierda de nuestro país, donde la presunción de inocencia no existe y como las asociaciones y demás se valen de eso para engrosar las listas de víctimas.