La serie nos sumerge en la vida de Simon, un actor que, tras enfrentarse a un sinfín de audiciones, deposita todas sus esperanzas en dar el gran salto al protagonizar la película Wonder Man. En esta aventura no está solo; lo acompaña Trevor Slattery, aquel recordado personaje que fingió ser "El Mandarín" y que aquí ejerce como un particular mentor y aliado.
Aunque Simon lleva el peso de la trama, es Ben Kingsley quien termina robándose el show. Su interpretación de Trevor es un despliegue de matices: transita con naturalidad desde la comedia más disparatada hasta la tensión de ser un agente doble, sin olvidar ese tono mordaz y melancólico de quien se sabe un actor venido a menos cuya relevancia parece haber sido El Mandarín en el pasado.
Como retrato de la industria cinematográfica, la serie funciona a la perfección. Refleja con mucha fidelidad el día a día actoral: el estrés de los castings, la preparación exhaustiva...
Sin embargo, este realismo choca a veces con su identidad de Marvel. En mi opinión, los elementos de superpoderes y las referencias constantes al MCU resultan excesivos e incluso innecesarios en una historia que brilla más por su lado humano. Además, se echa en falta una mayor exploración de la faceta heroica del protagonista, quien apenas muestra destellos de sus habilidades sin llegar a conectar realmente con el vasto universo de la franquicia.
En definitiva, estamos ante una propuesta muy disfrutable para entender qué ocurre detrás de las cámaras desde los ojos del intérprete, pero que se queda muy corta como presentación formal de un nuevo superhéroe.
Docuserie profundamente inspiradora donde se siente el peso de cada hora de entrenamiento. La producción logra transmitir esa crispación constante por no fallar y la presión psicológica que conlleva dar siempre más del límite físico.
Más que un simple reportaje, funciona como un documento gráfico excepcional sobre la capacidad de resistencia humana. No solo muestra el proceso para convertirse en un GEO, sino que logra definir la esencia de lo que significa serlo: sacrificio, disciplina y un enfoque hacia el objetivo.
Un punto muy a favor es su honestidad visual. Se agradece la ausencia de filigranas artísticas o planos innecesarios; esa sobriedad técnica amplifica la crudeza y el realismo tanto de los entrenamientos como de las maniobras.