Una despedida honesta, madura y fiel a su autor.
A sus 94 años, Clint Eastwood sigue hablando con claridad y sin concesiones al espectador. Jurado Nº2 es, como todo su cine, una película para adultos: sobria, ética, cargada de dudas morales y sin necesidad de disfrazarse de nada. Aquí no hay fuegos artificiales, ni tramas enrevesadas, ni discursos prefabricados. Solo una historia sencilla pero cargada de peso moral.
La dirección es contenida pero firme. La historia avanza sin prisas, aunque quizá con menos profundidad de la que prometía. El desarrollo del jurado, los dilemas personales, y los ecos a clásicos judiciales como 12 hombres sin piedad funcionan, pero a ratos se echa en falta más densidad dramática o un clímax más pulido. Aun así, hay escenas de gran fuerza y algunos silencios que dicen más que mil líneas de diálogo.
Nicholas Hoult cumple con nota, y Toni Collette eleva el conjunto con una interpretación compleja y contenida. J.K. Simmons, aunque breve, deja huella. Eastwood vuelve a hablarnos del poder (y el límite) de la justicia, esta vez desde un punto de vista más ambiguo, más gris… más consciente del mundo que nos toca.
Puede que no sea de sus mejores películas, pero sigue siendo cine con voz propia, adulto, sincero y sin postureo. Y eso, hoy, vale oro.
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Una despedida honesta, madura y fiel a su autor.
A sus 94 años, Clint Eastwood sigue hablando con claridad y sin concesiones al espectador. Jurado Nº2 es, como todo su cine, una película para adultos: sobria, ética, cargada de dudas morales y sin necesidad de disfrazarse de nada. Aquí no hay fuegos artificiales, ni tramas enrevesadas, ni discursos prefabricados. Solo una historia sencilla pero cargada de peso moral.
La dirección es contenida pero firme. La historia avanza sin prisas, aunque quizá con menos profundidad de la que prometía. El desarrollo del jurado, los dilemas personales, y los ecos a clásicos judiciales como 12 hombres sin piedad funcionan, pero a ratos se echa en falta más densidad dramática o un clímax más pulido. Aun así, hay escenas de gran fuerza y algunos silencios que dicen más que mil líneas de diálogo.
Nicholas Hoult cumple con nota, y Toni Collette eleva el conjunto con una interpretación compleja y contenida. J.K. Simmons, aunque breve, deja huella. Eastwood vuelve a hablarnos del poder (y el límite) de la justicia, esta vez desde un punto de vista más ambiguo, más gris… más consciente del mundo que nos toca.
Puede que no sea de sus mejores películas, pero sigue siendo cine con voz propia, adulto, sincero y sin postureo. Y eso, hoy, vale oro.