Silent Night es una comedia negra que se disfraza de reunión navideña para hablar, en realidad, del fin del mundo y de cómo lo afrontamos como sociedad. La película arranca con un tono incómodo pero sugerente, construyendo poco a poco una atmósfera extraña, casi irreal, donde algo no encaja del todo. Ese primer tramo funciona bien gracias al reparto —especialmente Keira Knightley— y a un manejo eficaz del suspense cotidiano, hecho de silencios, conversaciones forzadas y sonrisas que chirrían.
Cuando la película revela sus cartas, el relato se vuelve más claramente dramático y el subtexto se hace evidente. Ahí es donde Silent Night gana fuerza conceptual, pero también donde empieza a perder equilibrio. El mensaje es potente y perturbador, aunque algo subrayado. La cinta quiere ser sátira, drama existencial y alegoría social al mismo tiempo, y no siempre consigue armonizar esos registros. Algunos personajes quedan poco desarrollados y ciertas decisiones narrativas resultan más simbólicas que creíbles.
Aun con sus irregularidades, Silent Night deja poso. No es una película cómoda ni redonda, pero sí inquietante y con ideas interesantes sobre el miedo, la obediencia y la necesidad de creer que alguien tiene el control cuando todo se derrumba. Una propuesta imperfecta, pero estimulante.
¿Hola? No se que escribir al terminar de ver “Silent Night”.
Esta película me ha dejado completamente roto al ver el final y es que estamos ante una película “apocalíptica”, donde las personas están desesperadas por desconocido.
Durante toda la película vamos conociendo a cada uno de los personajes, que se dan cita para una “última cena navideña”. Esto hace que nos encontremos con personajes muy diferentes entre sí, por lo que tendremos escenas bastante entretenidas, tanto graciosas, como muy dramáticas. Haciendo que el espectador tenga diversas emociones.
Pero, como bien he dicho anteriormente, quitando que la historia es bastante trágica, el final… ese toque final podría darte un salto en el corazón, dejándote completamente perplejo.
A parte, de que cada escena donde salen Keira Knightley, Matthew Goode y Roman Griffin Davis es una joya, dejando claro de que tienen una gran química en pantalla.
Sin duda alguna, es una película que se tiene que ver al menos una vez en la vida. No hace falta que sea en Navidad, pues la decoración navideña es mínima, por lo que, perfectamente, podrás disfrutarla en cualquier época del año. ¿A qué esperas? Porque te va a gustar.
Interesante película, no sabía nada de ella, por la carátula me parecía otra película de navidad y las dejo pasar porque las odio, la recomiendo.
Película bastante buena y muy bien interpretada por todos. Con toques de humor y con un drama de lo más grande, un poco angustiosa al final. La recomiendo.