Silent Night es una comedia negra que se disfraza de reunión navideña para hablar, en realidad, del fin del mundo y de cómo lo afrontamos como sociedad. La película arranca con un tono incómodo pero sugerente, construyendo poco a poco una atmósfera extraña, casi irreal, donde algo no encaja del todo. Ese primer tramo funciona bien gracias al reparto —especialmente Keira Knightley— y a un manejo eficaz del suspense cotidiano, hecho de silencios, conversaciones forzadas y sonrisas que chirrían.
Cuando la película revela sus cartas, el relato se vuelve más claramente dramático y el subtexto se hace evidente. Ahí es donde Silent Night gana fuerza conceptual, pero también donde empieza a perder equilibrio. El mensaje es potente y perturbador, aunque algo subrayado. La cinta quiere ser sátira, drama existencial y alegoría social al mismo tiempo, y no siempre consigue armonizar esos registros. Algunos personajes quedan poco desarrollados y ciertas decisiones narrativas resultan más simbólicas que creíbles.
Aun con sus irregularidades, Silent Night deja poso. No es una película cómoda ni redonda, pero sí inquietante y con ideas interesantes sobre el miedo, la obediencia y la necesidad de creer que alguien tiene el control cuando todo se derrumba. Una propuesta imperfecta, pero estimulante.
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Silent Night es una comedia negra que se disfraza de reunión navideña para hablar, en realidad, del fin del mundo y de cómo lo afrontamos como sociedad. La película arranca con un tono incómodo pero sugerente, construyendo poco a poco una atmósfera extraña, casi irreal, donde algo no encaja del todo. Ese primer tramo funciona bien gracias al reparto —especialmente Keira Knightley— y a un manejo eficaz del suspense cotidiano, hecho de silencios, conversaciones forzadas y sonrisas que chirrían.
Cuando la película revela sus cartas, el relato se vuelve más claramente dramático y el subtexto se hace evidente. Ahí es donde Silent Night gana fuerza conceptual, pero también donde empieza a perder equilibrio. El mensaje es potente y perturbador, aunque algo subrayado. La cinta quiere ser sátira, drama existencial y alegoría social al mismo tiempo, y no siempre consigue armonizar esos registros. Algunos personajes quedan poco desarrollados y ciertas decisiones narrativas resultan más simbólicas que creíbles.
Aun con sus irregularidades, Silent Night deja poso. No es una película cómoda ni redonda, pero sí inquietante y con ideas interesantes sobre el miedo, la obediencia y la necesidad de creer que alguien tiene el control cuando todo se derrumba. Una propuesta imperfecta, pero estimulante.